La historia de Son Busquets vuelve a dar que hablar. Este rincón de Palma, cargado de historias y expectativas, se encuentra nuevamente en el centro del debate. El pasado abril, la asociación Parc de Ses Fonts ya hizo sonar las alarmas con una protesta que reunió a varios implicados, incluido el regidor de Urbanismo, Óscar Fidalgo. Ahora, este jueves a las doce del mediodía, el alcalde Jaime Martínez y su equipo se plantarán ante las puertas del antiguo cuartel para escuchar a los vecinos sobre un proyecto que lleva meses causando controversia.
Descontento vecinal y alianzas inesperadas
Las intenciones del equipo político son claras: «atender a los vecinos» y recoger sus inquietudes sobre lo que la entidad pública Casa 47 tiene en mente. Sin embargo, no todo es color de rosa. La Associació de Veïns del Parc de Ses Fonts-Conservatori ha lanzado un llamamiento a todos los residentes para acudir al encuentro. En su mensaje se puede leer: «Rogamos encarecidamente a todos los miembros que puedan asistir lo hagan. Es una oportunidad para manifestar el proyecto que los vecinos queremos». No se trata solo de palabras; van con la intención firme de hacer valer sus derechos.
A medida que avanza la semana, las tensiones aumentan. Los mismos Martínez y Fidalgo han tomado partido contra Casa 47, responsable del solar donde están previstas nada menos que 831 viviendas públicas. Pero aquí es donde la historia da un giro inesperado: entidades como la Associació de Veïns de Cas Capiscol, quienes llevan décadas luchando por la construcción en esta zona, ven con desagrado cómo otros grupos más recientes parecen estar tomando protagonismo sin haber compartido el camino.
Biel González del Valle, presidente de Cas Capiscol, no ha dudado en expresar su frustración ante esta situación: «¿Por qué esa asociación nueva tiene más voz?», se pregunta mientras recuerda los años dedicados a pelear por un sueño compartido por muchos. Las voces críticas también provienen desde otras entidades como Joves Arquitectes de Mallorca (JAM), quienes lamentan no haber sido convocados al diálogo y sostienen que hay intereses ocultos detrás que buscan fracturar el consenso.
A pesar del clamor popular y las alegaciones presentadas por varias asociaciones afectadas, parece claro que algunos siguen quedándose fuera del juego. Esta reunión promete ser solo el comienzo; la lucha por Son Busquets está lejos de terminar.

