MADRID, 11 de septiembre. Las autoridades saudíes han dado la voz de alarma tras varios ataques que se produjeron el jueves contra el oleoducto Este-Oeste, una infraestructura clave que conecta la península arábiga con Bahrein y Qatar sin tener que pasar por el estrecho de Ormuz, donde Irán tiene el control. En una declaración hecha a la agencia estatal SPA, una fuente del Ministerio de Energía afirmó que el oleoducto sufrió múltiples ataques en las cercanías de Riad y Medina, dejando a algunos heridos que recibieron atención médica.
Tras estos incidentes, se tomó la decisión inmediata de detener las operaciones del oleoducto como medida preventiva. Equipos técnicos y de emergencia fueron desplegados para asegurar la instalación y verificar su estado. Pero lo más alarmante es el contexto en el que ocurren estos eventos: los rebeldes hutíes están llevando a cabo una ofensiva rápida en Yemen, apoderándose incluso de localidades estratégicas alrededor de Bab el Mandeb.
Tensión creciente en la región
Las autoridades con sede en Adén no han dudado en señalar a Teherán como responsable, afirmando que hay un «claro vínculo entre esta escalada y la estrategia iraní» para transferir las consecuencias del aislamiento internacional hacia otros actores. Según Rashad al Alimi, presidente del Consejo Presidencial de Liderazgo, esto solo agrava aún más las tensiones.
El estrecho de Bab el Mandeb, que separa la península Arábiga del Cuerno de África, tiene apenas 29 kilómetros de ancho. Esto significa que cualquier movimiento militar en esa zona podría poner en jaque las rutas marítimas cruciales. Los hutíes ya han amenazado con afectar la navegación por esta vía como respuesta a las acciones israelí-estadounidenses recientes. Y no olvidemos los numerosos ataques lanzados contra buques en el mar Rojo y el golfo de Adén desde los bombardeos sobre Gaza tras los trágicos eventos del 7 de octubre.

