Este verano, Sóller ha visto cómo los turistas, con sus coches abarrotados, han tomado las calles. Este hermoso rincón de Mallorca se ha convertido en la estrella del turismo nacional, atrayendo a miles de visitantes cada día. Pero, ¿a qué precio? Los vecinos están cansados de que su hogar se convierta en un parque temático para extranjeros.
Una situación insostenible
La realidad es dura: los atascos son constantes, y los ruidos hacen imposible disfrutar de la tranquilidad que siempre caracterizó a este lugar. “A casa llegamos con cerca de 60 decibelios”, cuentan los residentes de Santa Catalina, desesperados por esta invasión veraniega. En un momento donde lo sostenible debería ser la norma, parece que el monocultivo turístico arrasa con todo.
Mientras tanto, el Gobierno mira hacia otro lado y cierra las puertas a una subida necesaria en la ecotasa, como si no estuvieran viendo el desastre que se cierne sobre Sóller y otros municipios similares. ¿Es esto realmente lo que queremos para nuestro futuro? Las voces críticas crecen entre aquellos que ven cómo su hogar se convierte en un destino masificado sin rumbo claro.

