En la periferia de Palma, un grupo valiente de usuarios de la residencia de Son Güells está alzando su voz. Son personas con movilidad reducida, que a diario enfrentan una auténtica odisea para acceder al transporte público. Juan Carlos Bonnet, uno de los más activos en esta causa, no se ha quedado callado y ha llevado sus inquietudes hasta el Ajuntament, buscando soluciones que parecen tardar en llegar.
Una aventura diaria
Imagina tener que hacer malabares solo para llegar a la parada del autobús. Esto es lo que viven día tras día estas personas. Juan Carlos comparte su experiencia: «A las 22:30 ya no hay ningún bus disponible y pedir un taxi adaptado se convierte en misión imposible». Después de esperar varias horas sin éxito, decidió recorrer el camino hacia Son Ferriol en su silla de ruedas eléctrica. Un trayecto que debería ser sencillo se transformó en un desafío; tuvo que desplazarse por el carril bici hasta Son Llàtzer y luego seguir por una carretera vieja sin luz alguna. «No me quedó otra opción», comenta con resignación.
Al acercarse a su hogar en Son Güells, pudo finalmente sentir algo de alivio al navegar por las aceras, aunque estas están lejos de estar en buen estado. Su deseo es claro: “Nadie debería tener que vivir esto”, enfatiza Bonnet mientras reclama mejoras urgentes para facilitar la conexión con el mundo exterior.
Desde el Ajuntament son conscientes del problema y aseguran estar trabajando en ello. Los responsables del departamento de Accesibilidad han mantenido reuniones con la residencia para conocer sus necesidades y están desarrollando un proyecto para abordar estas deficiencias antes de finalizar el año. Sin embargo, muchos esperan ansiosos resultados concretos porque todos merecemos poder movernos sin obstáculos.

