Las devastadoras inundaciones en el norte de Nepal, cerca de la frontera con China, han dejado un rastro de dolor y desesperación. Este jueves, las autoridades han confirmado que el número de fallecidos ha superado los 1.250, mientras que más de 4.200 personas continúan desaparecidas, incluso después de más de una semana desde esta catástrofe natural.
La Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA) y la Policía nepalí han emitido informes escalofriantes, revelando que se han recuperado 1.252 cuerpos, incluyendo 355 en Chitwan, uno de los puntos críticos donde se lleva a cabo la búsqueda incansable.
Crisis humanitaria: niños en riesgo y necesidades urgentes
A esta trágica situación se suma la grave alerta lanzada por UNICEF, que señala que al menos 22.000 niños requieren urgentemente acceso a agua potable, saneamiento e higiene. Alice Akunga, representante del organismo en Nepal, enfatiza lo crítico del momento: «Los padres preguntan constantemente: ¿Dónde consigo agua? ¿Es segura para mis hijos?» La angustia es palpable.
El daño a los sistemas de abastecimiento ha dejado a muchas familias vulnerables, enfrentándose no solo a la escasez sino también al riesgo inminente de enfermedades transmitidas por el agua. Akunga destaca que «esto se puede prevenir», instando a todos a garantizar el acceso seguro al agua y saneamiento como prioridad absoluta.
Aunque están trabajando para enviar suministros esenciales a unas 19.000 personas, Akunga advierte que restablecer estos servicios es una tarea monumental que no se solucionará en días. «Debemos construir infraestructuras resistentes para enfrentar futuras inundaciones; simplemente restaurarlas no es suficiente».
No podemos permitirnos repetir esta historia tras cada desastre natural; son los niños quienes siempre acaban pagando el precio más alto. En medio del caos y la tristeza, la resiliencia debe ser nuestra respuesta.

