Era una mañana tranquila, pero todo cambió para un conductor que se dirigía al aeropuerto con su pareja. Eran alrededor de las cinco y, mientras circulaba por una calle principal con todas las luces encendidas, se encontró de frente con un repartidor de Glovo en bicicleta que iba en dirección contraria. «Yo iba tranquilo, todo correcto, y de repente me aparece uno en bicicleta», cuenta el afectado. No era solo un ciclista solitario; le seguía otro que también iba a contramano. El impacto fue inevitable.
Un momento surrealista
El resultado fue devastador para su vehículo: «Me reventó el faro xenón y me escapó el parachoques», dice todavía sorprendido. Pero lo más impactante no fue solo el daño material; tras el accidente, uno de los ciclistas huyó sin mirar atrás. El otro se quedó, pero la situación no mejoraba. El conductor decidió actuar: «Le dije que llamaría a la Policía, y él empezó a suplicarme que no lo hiciera». Con lágrimas en los ojos y arrodillado, el joven confesó no tener documentación y ser repartidor de Glovo.
A pesar del caos del momento, el conductor intentó resolverlo como buenamente pudo: «Te llevo a casa y pagas lo que cuesta arreglarlo», propuso. Así que ambos se dirigieron al domicilio del repartidor. Sin embargo, allí comenzó otra historia: el joven entró en su edificio… y nunca salió. «Estuve esperando y nunca bajó», relata frustrado.
Casi como si fuera una película de acción, apareció otra persona para recoger la bicicleta abandonada en la escena del accidente. El conductor sospecha que podría estar relacionado con el trabajo del repartidor, aunque eso nunca podrá confirmarlo.
Ahora se enfrenta a un problema mayor: nadie asumió los daños ocasionados en su coche. Y mientras busca una solución legal para reclamar lo que es suyo, ha decidido compartir su experiencia públicamente porque estas historias necesitan ser contadas.

