Imagina un lugar donde los jóvenes de nuestra ciudad se reúnen para compartir risas, trucos en sus patinetes y momentos inolvidables. Eso es el skatepark de Sa Riera, pero lamentablemente, este rincón tan querido está sufriendo más de lo que debería. Los habituales del parque no han dejado de alzar la voz, denunciando una realidad que duele: el estado deplorable y la falta de mantenimiento.
En uno de los extremos del extenso parque de Ciutat, el skatepark se ha convertido en un auténtico campo de batalla. La situación es crítica y Pedro Miguel Pérez, un apasionado voluntario, lidera a un grupo que intenta mantener vivo este espacio a base de esfuerzo diario. Ellos son los héroes anónimos que limpian lo que otros tiran a la basura y recogen desechos después de los botellones masivos del fin de semana.
Un grito desesperado por ayuda
Pero no todo queda ahí. Antes eran ellos quienes debían llevar bolsas para recoger su propia basura; ahora cuentan con la colaboración del personal de Parcs i Jardins, aunque esto no soluciona el problema en su totalidad. La realidad es dura: cada fin de semana el lugar se convierte en un vertedero improvisado lleno de envases y cristales rotos, poniendo en riesgo la seguridad de muchos menores.
A veces parece que ser voluntario significa asumir el papel también de albañil. Gracias a la solidaridad local han conseguido materiales para reparar grietas y baches; sin embargo, las infraestructuras básicas como iluminación brillan por su ausencia. Y cuando pensamos que ya no puede ser peor, nos encontramos con humos nocivos provenientes del asentamiento chabolista cercano. Imagínate intentando patinar mientras te llega ese aire cargado o temiendo un incendio porque alguien decidió hacer una barbacoa.
Los usuarios del skatepark piden a gritos al Ajuntament de Palma algo tan básico como un mantenimiento adecuado. Este espacio no solo sirve para practicar deportes; es un punto vital donde jóvenes interactúan y socializan. ¿Es mucho pedir poder disfrutarlo sin preocupaciones? Es momento urgente para escuchar sus demandas antes que esta joya se convierta en otro recuerdo más.

