El Mallorca dejó un sabor agridulce tras su derrota frente al Granada en el Nuevo Los Cármenes. Fue un partido para olvidar, donde la sensación general fue clara: falta de identidad. A pesar de los esfuerzos, los bermellones no lograron mostrar un juego cohesionado y se vieron claramente perjudicados por decisiones arbitrales que hicieron aún más complicada la situación.
Una plantilla en construcción
Con once fichajes y muchas salidas, este equipo está casi en una revolución total. La amalgama de jugadores nuevos que intentan acoplarse a distintas ideas está lejos de funcionar. Nombres como Cerdà o Buksa debutaron, pero la sensación es que todavía les falta rodaje. Y mientras algunos se adaptan, otros como Mateu Jaume están esperando cerrar su situación con el Girona, lo que añade más incertidumbre al ambiente.
Es comprensible que con tantos cambios haya descoordinación en el campo. Pero a pesar de ello, no podemos obviar que el equipo tiene una etiqueta de favorito que pesa enormemente. Si Adrián Fuentes hubiese estado más acertado en los primeros minutos del encuentro, quizás hoy estaríamos hablando de otra historia. Pero así son las cosas; los errores se repiten y la falta de contundencia defensiva sigue siendo un problema sin resolver.
A medida que avanzaba el partido, quedó claro que la ausencia de Darder dejó un vacío difícil de llenar. En el centro del campo, Morlanes comenzó bien pero terminó desdibujándose. Pablo Torre y Sala no encontraron su ritmo y hubo demasiado individualismo por parte de Luvumbo y Roca, quienes más bien parecían querer brillar solos en lugar de ayudar al conjunto.
Así estamos tras solo dos jornadas; aunque queda mucha Liga por delante, es evidente que este Mallorca necesita urgentemente encontrar su camino y mostrar mucho más si quiere cumplir las expectativas puestas sobre ellos.

