Las urbanizaciones de Llucmajor están viviendo una pesadilla que parece no tener fin. Desde hace meses, la basura se acumula en las calles, y los vecinos están al borde del colapso. En lugares como Sa Torre, Puig de Ros, Bahía Grande y Bahía Azul, los residuos desbordados son más comunes que las olas del mar en verano. «Hay más basura aquí que en el poblado de Son Banya», lamentan con frustración algunos residentes, quienes no entienden cómo se ha llegado a este punto tan crítico.
La falta de acción y la desesperación vecinal
A medida que pasan los días, los contenedores siguen rebosando y el mal olor invade el aire. Este problema se ha intensificado sobre todo con la llegada del turismo, cuando más personas transitan por estas urbanizaciones. Las imágenes de montañas de desechos han sido constantes y vergonzosas, especialmente durante las pasadas Navidades. A pesar de las numerosas quejas tanto de ciudadanos como empresarios, poco o nada ha cambiado.
Los hoteleros también alzan la voz ante esta situación insostenible: «No podemos creer lo que está pasando», afirman visiblemente preocupados por cómo esta suciedad puede afectar a la imagen turística del lugar. La gestión del Ayuntamiento bajo el mando de Xisca Lascolas ha sido calificada por muchos como una auténtica dejadez. El partido vecinal Llibertat Llucmajor ya acusó a la alcaldesa de incompetencia y falta de respuesta efectiva.
Finalmente, tras tanta presión, se aprobó una moción en el pleno municipal para afrontar esta crisis sanitaria causada por la acumulación de residuos. El Ayuntamiento ha declarado oficialmente la emergencia sanitaria; esto implica contratar servicios adicionales para recoger basura y realizar tareas urgentes de desinfección.
Aunque es un alivio ver que hay movimientos hacia soluciones rápidas, los vecinos reclaman cambios reales pronto. Ellos quieren sus calles limpias nuevamente y recuperar su calidad de vida sin tener que convivir con ratones y montañas indeseadas de desperdicios.

