Adrián Abadía, un nombre que resonó con fuerza en los Juegos Olímpicos de París, se convirtió en el primer saltador balear en dejar huella en este evento, alcanzando una notable sexta posición junto a su compañero canario Nico García Boissier. Pero tras ese momento de gloria, la vida del joven palmesano dio un giro inesperado. Tras pasar por quirófano debido a una lesión en el pie, su rastro se perdió y el mundo del salto sintió la ausencia de una de sus grandes promesas.
Afortunadamente, dos años después, Adrián ha decidido regresar a Mallorca. Y lo hará bajo la tutela de su entrenador de siempre, Donald Miranda. Su regreso al CTEIB es más que significativo; representa una segunda oportunidad para este talentoso deportista que ya fue campeón de Europa júnior y ha acumulado numerosos títulos nacionales.
Un nuevo comienzo lleno de retos
Entre tanto, Adrián vivió experiencias que lo marcaron. Pasó tiempo estudiando en la Universidad Estatal de Luisiana y estableció su base en Madrid, donde trabajó en tiendas como Decathlon. En una reciente entrevista confesaba cómo esa etapa le había servido para reflexionar y recargar energías lejos del estrés competitivo.
Ahora siente el impulso de volver a ser competitivo y retomar su pasión por los saltos. El deseo ardiente de compartir nuevamente esta travesía con Donald Miranda está presente; juntos han recorrido un camino que comenzó cuando su abuela lo animó a practicar este deporte hasta llegar a los Juegos Olímpicos.
Poco a poco, Adrián busca reencontrarse con esas sensaciones únicas mientras persigue el sueño olímpico hacia Los Ángeles 2028. Este es sin duda un reto monumental que les motiva enormemente tanto a él como a su querido entrenador. Así empieza una nueva aventura desde Son Moix, donde todo puede suceder.

