La tarde del pasado lunes, el tranquilo ambiente de Valldemossa se vio abruptamente interrumpido por un suceso desgarrador. Una conductora de autobús del TIB, al realizar una maniobra para salir de la parada, derribó una farola que impactó directamente sobre un grupo de personas que acababan de bajar del vehículo. Entre ellos, un joven turista sirio de solo 36 años perdió la vida.
Según las declaraciones que hizo la mujer a los agentes de la Guardia Civil de Tráfico, todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Ella relató: «Al salir oí un pequeño ruido que suele ser la rueda que da al bordillo de la acera». Lo último que imaginaba era lo que vendría después: «Fui a dar la vuelta y al volver a pasar vi lo ocurrido», añadió con voz temblorosa.
El dolor deja huella
No solo el impacto fue devastador para el fallecido, sino también para su pareja, una joven ucraniana quien se encontraba tan afectada por la situación que tuvo que recibir asistencia médica tras sufrir una crisis de ansiedad. Aquel día, alrededor de las 15:40 horas en la plaza Campdevànol, se vivieron momentos difíciles y llenos de angustia.
A raíz del accidente, además del hombre fallecido, otra mujer española resultó herida con un trauma torácico. La conductora no escapó sin más; sufrió un ataque de pánico tras presenciar el horror que dejó atrás. Entre lágrimas y gritos apagados, todos los presentes sintieron cómo esa tragedia les atravesaba el corazón. Un día más para recordar cómo la vida puede cambiar en cuestión de segundos.

