En un giro drástico de los acontecimientos en Yemen, los rebeldes hutíes han hecho sonar las alarmas al informar que han atacado ocho petroleros saudíes y bloqueado casi medio centenar más en el estrecho de Bab al Mandeb. Este bloqueo naval, que comenzó el 20 de julio, ha transformado la ruta comercial del país vecino en un verdadero campo de batalla. Según el portavoz militar hutí, Yahya Sari, «desde que empezamos con este embargo marítimo contra el enemigo saudí hasta hoy, hemos llevado a cabo ataques que han dejado claro nuestro poder».
Las cifras hablan por sí solas
Sari no se ha quedado corto al señalar que 48 petroleros con bandera de Arabia Saudí no han podido cruzar el estrecho. De ellos, 34 fueron retenidos en el mar Arábigo y el océano Índico, mientras que otros 14 quedaron atrapados en el mar Rojo. Y por si esto fuera poco, los últimos días han visto una escalada militar significativa con nueve operaciones dirigidas a puertos clave como Yanbu y Jizán, vitales para la producción de petróleo. Sin olvidar las ciudades estratégicas de Najrán y Abha.
Además, se reportan otros catorce ataques contra concentraciones de tropas saudíes dentro de Yemen; lugares como Al Ruwaik o Moca están sufriendo las consecuencias de este conflicto feroz. Las cifras son alarmantes: cientos de efectivos muertos y heridos. En este contexto tan tenso, Sari ha lanzado un mensaje directo a Riad: «cualquier intento de escalada será respondido con contundencia».
Por último, advirtió a los yemeníes en zonas controladas por el Gobierno reconocido internacionalmente que abandonen esas áreas. Asegura que no quieren convertirlos en víctimas colaterales. Esta historia es solo una parte del rompecabezas complejo y doloroso que representa la guerra en Yemen; cada decisión tiene consecuencias profundas para aquellos atrapados entre dos fuegos.

