En el corazón de la campiña de Latakia, una historia desgarradora se ha desenvuelto, dejando a todos con el alma encogida. Mohamed Ghamira, un joven de apenas 20 años, se encuentra en estado de coma tras ser detenido por la Policía bajo sospecha de robo. La familia ha alzado su voz y denuncia que durante tres días, su hijo fue sometido a brutales palizas en la comisaría de Al Haffah.
Y aquí está lo más cruel: Mohamed padece hemofilia, una enfermedad que hace que cualquier herida pueda convertirse en un verdadero infierno. A pesar de que los agentes conocían su condición, eso no impidió que le propinaran golpes desmedidos. Su hermano, Mustafa, relata con desesperación cómo salió del calabozo con hemorragias cerebrales e internas y sufriendo hasta tres paros cardíacos casi seguidos. ¿Cómo es posible que esto ocurra?
La lucha por justicia
Afortunadamente, los médicos del Hospital Universitario Tishreen lograron reanimarlo, pero Mohamed continúa atrapado en un profundo coma desde principios de semana y su situación es alarmantemente crítica. El Ministro del Interior sirio, Anas Jattab, ha prometido una investigación sobre este hecho tan escalofriante. En sus propias palabras: «Cualquier infracción o exceso será tratado con firmeza».
Sin embargo, las palabras son solo eso si no van acompañadas de acciones reales. ¿Podrán las autoridades sirias lideradas por Ahmed al Shara cumplir con la promesa de proteger los derechos humanos después de décadas ignorando estas atrocidades? Los aliados internacionales del régimen exigen cambios y esperan ver resultados concretos; mientras tanto, la familia Ghamira sigue esperando respuestas y justicia.

