El 12 de agosto marcó un momento que quedará en nuestra memoria. Mientras el sol se ocultaba, muchos de nosotros nos encontrábamos mirando al cielo, recordando que hay cosas en la vida que no podemos dejar pasar. En el mundo del fútbol, este es también un tiempo crucial para el RCD Mallorca. Tras una pretemporada intensa y llena de emociones, ahora llega la hora de la verdad.
Un primer test decisivo
Los entrenamientos ya han finalizado y el equipo está listo para enfrentar su primer partido ante un rival que comparte sus mismas ambiciones: el Valladolid. Ambos clubes tienen una historia entrelazada, con ascensos y descensos a sus espaldas, como viejos conocidos en esta montaña rusa que es el fútbol profesional.
Aunque los directivos y jugadores prefieren no hablar abiertamente de ascenso, todos sabemos que la afición mallorquinista tiene claro cuál es su deseo. Después de una temporada pasada marcada por las decepciones, el número de abonados ha alcanzado cifras significativas. Es cierto que no todos irán a Son Moix, pero aún hay quienes mantienen su lealtad intacta.
Las victorias en pretemporada son un bálsamo; aunque sólo sean amistosos, ganar siempre sabe mejor que perder. Sin embargo, nadie se engaña: esto es solo un calentamiento y lo importante será lo que ocurra cuando empiecen a sumar puntos oficialmente. Los más veteranos del vestuario nos recuerdan que estas victorias no significan nada si al final no logramos nuestros objetivos en mayo.
A partir del sábado, veremos nuevos rostros en el campo; jugadores quizás menos conocidos pero llenos de ganas de demostrar su valía. Este inicio puede ser nuestro trampolín hacia la ilusión o un espejo donde reflejarnos con la realidad actual del club. Al final del día, serán ellos quienes hablen con su juego.

