La llegada de Lucía Moreno al aeropuerto de Palma fue un momento lleno de emoción. Familiares y amigos la esperaban con pancartas y flores, listos para celebrar su regreso. Esta joven, nacida en 2008, ha conocido tanto el dulce sabor de la victoria como el amargo del sacrificio. Su pasión por el balonmano es evidente, y aunque su torneo fue impresionante a nivel colectivo, no se puede ignorar que ella misma tuvo que lidiar con una molestia en la rodilla durante todo el campeonato.
En la final del Campeonato del Mundo contra Montenegro, un crujido inesperado en su rodilla derecha hizo temer lo peor. Sin embargo, Lucía no se deja vencer por este contratiempo. “Es solo una piedra más en el camino”, comentó con determinación al aterrizar en Son Sant Joan. Ella sabe que si tiene que recuperarse, lo hará de la mejor manera posible para volver más fuerte.
La felicidad de ser campeona del mundo
“Estoy súper agradecida y contenta por todo lo que hemos conseguido”, dijo Lucía con esa chispa genuina que la caracteriza. La magnitud de ser campeona del mundo aún le resulta increíble; “Creo que ninguna lo hemos asimilado aún”, admitió. Este año ha sido intenso para ella: lleno de nuevas experiencias y aprendizajes. “El otro día hablaba con una compañera sobre lo fuerte que ha sido todo esto”, añadió emocionada.
Y hay más: también recuerda este verano como el momento en el que firmó su primer contrato profesional con KH-7 BM Granollers. Este paso representa no solo un logro personal sino el inicio de su propia leyenda en el balonmano. Lucía espera la próxima temporada “con mucha ilusión”, aunque sabe que debe tomarse su tiempo para sanar bien antes de volver a brillar en la cancha.

