En una noche mágica en Son Moix, el RCD Mallorca se olvidó de las presiones del descenso y ofreció una actuación que quedará grabada en la memoria de sus aficionados. Con un 3-0 rotundo, los bermellones bailaron al ritmo del bicampeón de Europa, el PSG. Los goles de Luvumbo, Virgili y Raíllo no solo reflejan el buen juego del equipo, sino también la esperanza renovada bajo la dirección de Luis García Fernández.
Aplausos en cada rincón
La cita reunió a más de 17.500 hinchas que vibraron con cada jugada. Aunque el PSG llegó con su plantel estelar, los locales demostraron que tienen carácter y determinación. Desde el primer minuto, Luvumbo ya dejó claro que venía con ganas; su gol tras una combinación magistral fue un grito a la afición para recordarles que están listos para luchar por regresar a Primera División.
No se puede pasar por alto la actuación de Virgili, quien deleitó al público con un gol espectacular y una entrega digna de mención. “¡Virgili, quédate!”, resonaba en las gradas mientras él celebraba junto a Adri antes del descanso. Un momento que encapsuló la esencia del mallorquinismo: pasión y unión.
A medida que avanzaba el encuentro, el equipo crecía en confianza. Raíllo selló el triunfo con un cabezazo imponente tras un córner, dejando sin respuesta al portero rival. La sensación era clara: este Mallorca quiere volver a ser grande y lo está demostrando en cada partido amistoso.
A pesar del calor agobiante y los cambios constantes en alineación, el equipo supo mantener su plan e imponer su estilo ante un PSG resignado por no encontrar respuestas. El ambiente era electrizante; si esta es la pretemporada, podemos soñar con algo grande para lo que viene.

