Palma se ha convertido en el escenario de una manifestación masiva que refleja la frustración de muchos ciudadanos. Una ola humana desbordó las calles, clamando por límites en el turismo que ha saturado nuestra querida isla. Mientras tanto, las autoridades parecen mirar hacia otro lado.
Violencia desproporcionada ante la protesta pacífica
Al finalizar esta movilización pacífica, nos encontramos con escenas de violencia policial desproporcionada. Las cargas llegaron cuando menos lo esperábamos, dejando a muchos atónitos y cuestionando la actuación de quienes deberían protegernos. ¿Es realmente necesario recurrir a la fuerza cuando solo pedimos ser escuchados?
Por otro lado, Prohens, nuestro delegado, no quiso mojarse sobre el tema: “No conozco las circunstancias de la actuación”, dijo sin aportar mucho más. Este tipo de respuestas solo alimenta nuestra indignación. Estamos cansados de que nos ignoren mientras seguimos sufriendo las consecuencias del monocultivo turístico.
No podemos seguir tirando a la basura nuestros espacios y valores por un turismo desenfrenado que no respeta nuestra cultura ni nuestro entorno. La lucha apenas comienza y aquí estamos, dispuestos a alzar nuestras voces hasta que se escuchen los ecos del cambio.

