La indignación en el barrio de Pere Garau ha llegado al límite. Los vecinos, cansados de ver cómo el Ajuntament de Palma retira fuentes de agua potable, han alzado la voz ante una situación que no solo les afecta a ellos, sino a todos los habitantes de esta ciudad bajo el sol abrasador. En total, seis fuentes han desaparecido, dejando a Palma con apenas una por cada 10.000 habitantes. ¿Puede ser esto aceptable?
Una necesidad urgente para los más vulnerables
Mientras las temperaturas siguen subiendo, alcanzando los 36 ºC, la falta de acceso a agua se convierte en un problema crítico. En un barrio donde residen 32.873 personas, solo hay dos fuentes para toda esa población y sus visitantes. Y claro, cuando llega el verano y la gente sale a pasear o hacer recados, la escasez se nota más que nunca.
Aún más alarmante es que en Baleares se han registrado muertes atribuibles al calor; entre 2024 y 2025 fueron 12 fallecimientos. Un dato escalofriante que refleja lo necesario que es hidratarse bien durante estos meses extremos. Pero ¿cómo se supone que vamos a mantenernos hidratados si las autoridades deciden tirar a la basura nuestras fuentes? Es triste pensar que muchos tienen que comprar agua embotellada porque no hay otra opción cerca.
En este contexto tan complicado, recordar que las recomendaciones sanitarias aconsejan beber agua incluso sin tener sed parece casi irónico cuando las posibilidades son tan limitadas. La idea original detrás de estas fuentes era clara: ofrecer un servicio público y reducir residuos al fomentar el consumo del agua del grifo. Sin embargo, con cada fuente retirada parece que nos alejamos más de ese objetivo.
No podemos dejar pasar por alto que aunque existan planes para instalar nuevas fuentes en el futuro, eso no ayuda a quienes ahora mismo necesitan una solución ya. A día de hoy solo queda esperar y luchar por lo básico: acceso al agua potable para todos.

