En una jugada que ha sacudido las aguas internacionales, Estados Unidos no ha dudado en aplaudir la destitución de Karim Khan, el exfiscal jefe del Tribunal Penal Internacional (TPI), quien fue cesado por un caso de conducta sexual inapropiada. Este movimiento se dio a conocer el pasado viernes, y aunque algunos lo ven como un acto necesario, otros lo interpretan como parte de una estrategia más amplia para desmantelar este tribunal que nunca ha gozado de la aprobación estadounidense.
Un paso más en la cruzada contra el TPI
Tommy Pigott, portavoz del Departamento de Estado, no se anduvo con rodeos al calificar el caso de Khan como un claro ejemplo de la corrupción que impera dentro de la CPI. En sus palabras, “es positivo que haya sido destituido, pero esto es solo una pequeña pieza en esta institución irremediablemente corrupta”. Un mensaje contundente que deja entrever cómo se siente Estados Unidos respecto a un organismo que considera una amenaza a su soberanía.
No podemos olvidar que este tribunal ha emitido órdenes de captura contra figuras clave aliadas a EE.UU., incluyendo al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, por crímenes graves relacionados con su ofensiva en Gaza. Esta situación añade combustible al fuego y justifica aún más la postura beligerante de Washington hacia el TPI.
Pigott también fue claro al afirmar que este desenlace no alterará los planes trazados por Estados Unidos para eliminar el TPI. La intención está clara: seguir tirando a la basura cualquier vestigio de autoridad del tribunal sobre los militares y funcionarios estadounidenses. Así las cosas, mientras unos celebran despidos y caídas, otros miran con preocupación cómo se teje esta nueva trama geopolítica donde la justicia parece estar en juego.

