Los vecinos de Ses Veles, esa barriada que parece haber caído en el olvido, están más que preocupados. Cada día, los trabajadores que aparcan sus coches cerca de las oficinas de Emaya sienten cómo la angustia les aprieta el pecho. Y es que la situación con los robos en vehículos se ha vuelto insostenible. «Llevamos demasiado tiempo aguantando esto», dice uno de ellos, visiblemente frustrado. No hay rincón seguro; donde menos lo esperas, ¡pum!, vuelven a romper una ventanilla y no es raro que sea en varios coches a la vez.
Una realidad dolorosa
Las imágenes de lunas destrozadas ya son un triste escenario cotidiano. Pero lo peor no es solo eso; es ver cómo estos ladrones parecen moverse con total impunidad. «Te vas a dormir y no sabes si al día siguiente te encontrarás tu coche hecho un desastre», comenta un vecino de la calle del Pare Ventura, reflejando esa sensación de vulnerabilidad constante.
A parte del tema de los robos, otro aspecto que inquieta a la comunidad es la presencia de personas sin hogar. Se han asentado en lugares como el Parque Pocoyó o cerca del edificio de Gesa, e incluso han llegado hasta la playa de Can Pere Antoni durante este verano. Ya en su momento, el Ajuntament tuvo que actuar para desalojar a aquellos indigentes alrededor de las oficinas municipales en Joan Maragall.
Los vecinos están pidiendo a gritos una mayor presencia policial. Quieren ver a agentes patrullando las calles, como medida disuasoria para frenar esta ola creciente de ataques a su propiedad privada. Es un desgaste emocional; tener que observar cada día el mismo panorama desolador les empieza a «cansar». La seguridad debería ser un derecho básico y no un lujo para unos pocos.

