En el corazón del barrio de Pere Garau, un grupo de vecinos ha decidido que ya es suficiente. Desde el 6 de julio, las calles como Francesc Manuel de los Herreros, Hort de Torrella y Jeroni Rosselló se han convertido en un campo de batalla contra los constantes cortes de luz. Imaginen vivir una ola de calor y, además, quedarte sin electricidad cada pocos días. Esto es lo que les sucede a muchas familias aquí, que ven cómo la oscuridad invade sus hogares durante horas.
María Teresa, una vecina mayor, comparte su angustia: «No podemos salir a la calle; todo queda parado y cerrado. Nos sentimos totalmente aislados». La situación es insostenible para ella y para muchos otros que enfrentan temperaturas sofocantes sin aire acondicionado ni siquiera un ventilador. «Con el calor que hace aquí dentro, lo pasamos fatal», añade mientras recuerda esos días infernales en los que la luz desapareció justo cuando más la necesitaban.
Un laberinto burocrático
A medida que las horas pasan sin electricidad, los frigoríficos comienzan a descongelarse y los alimentos se estropean. María Teresa cuenta cómo ha llamado repetidamente al servicio de incidencias solo para ser redirigida cada vez a otro número diferente. «Me decían que esperara una hora más… hasta las siete, luego hasta las nueve… ¡y nada!», exclama con frustración.
La falta de coordinación entre las compañías eléctricas es otra piedra en el camino. Después de intentar presentar una reclamación telefónica, se encontró atrapada en un juego donde nadie asumía responsabilidades. «Todos se lavan las manos», critica con rabia. Finalmente optó por enviar una reclamación escrita al servicio al cliente, aunque sabe que puede tardar un mes en recibir respuesta.
A pesar del desasosiego generalizado, hay quienes intentan ayudar; la plataforma Flipau amb Pere Garau ha estado apoyando a estos vecinos desesperados aunque reconoce no tener el poder para solucionar el problema directamente.
Aunque recibió algo de información tras varios intentos desesperados por conseguir respuestas sobre su situación eléctrica -un técnico le explicó brevemente que los cables se estaban calentando-, María Teresa sigue cuestionando por qué tenían que sufrir tantas horas sin luz si solo era cuestión de cambiar unos plomos.
No solo eso; además del sufrimiento diario causado por la falta de suministro eléctrico, también sufrió daños materiales: después del primer apagón tuvo una subida de tensión al regresar la electricidad y destrozó algunas luces del baño. Ni la compañía ni su seguro han querido hacerse cargo del daño y ahora tiene que pagar nuevamente con su propio dinero.
Aquí están estos valientes vecinos luchando contra viento y marea por soluciones efectivas mientras sus edificios permanecen oscurecidos mientras otras calles brillan con normalidad. Su voz resuena clara: «No podemos seguir así». En respuesta a estas inquietudes, Endesa asegura estar trabajando rápidamente ante cualquier incidencia pero también advierte sobre problemas derivados del exceso consumo energético.

