La música en Mallorca ha perdido a uno de sus grandes: Joan Roca, el bajista de Antònia Font, ha fallecido y su ausencia se siente en cada rincón. Sus compañeros, como el multiinstrumentista Toni Pastor, no pueden contener la tristeza al recordar lo que significaba Joan para todos ellos. «Era la alegría de Antònia Font», asegura, destacando su papel fundamental en la banda desde sus inicios.
Un corazón lleno de música y amistad
La trayectoria de Joan comenzó con el grupo Herbes Dolces, donde su pasión por la música floreció. “Siempre aportaba un toque especial”, dice Pep Álvarez, del mítico grupo Anegats. “Era un buen tipo, accesible y siempre con una sonrisa”. Esa energía contagiosa era parte del encanto que lo hacía único. Su talento musical no conocía límites; era un contrabajista excepcional con una formación sólida en el Conservatori.
Los recuerdos fluyen entre sus amigos. Jaime Anglada lo recuerda como un músico creativo que dejaba huella en cada actuación. “Su corpulencia se reflejaba en su música”, comenta con nostalgia. Pero más allá de su destreza técnica, lo que realmente impacta es su bondad y sentido del humor, cualidades que lo convertían en alguien excepcional.
Miquel Àngel Sancho también tiene palabras conmovedoras para él: “Joan estaba lleno de vida y creatividad”. Su proyecto más reciente, Geometrical Sardine, mostraba su amor por el jazz y esa búsqueda constante de nuevas sonoridades. Una búsqueda que comenzó durante la pandemia y que le dio nuevas alas.
Cada anécdota compartida pinta el retrato de un hombre cuya luz brillará siempre entre quienes tuvieron la suerte de conocerlo. Hoy despedimos a Joan Roca, pero su legado musical vivirá eternamente entre nosotros.

