El miércoles pasado, el mundo musical se despertó con una noticia que dejó un vacío enorme: el fallecimiento de Joan Roca, el querido bajista del grupo Antònia Font. Para muchos, no solo era un músico excepcional, sino también un amigo entrañable. Lourdes Roca, su sobrina y ahijada, lo expresó con lágrimas en los ojos: «Somos una familia muy unida y éramos sus primeros fans». Esa cercanía familiar se sentía en cada acorde que tocaba.
Recuerdos y legado inolvidable
Joan siempre tuvo a su familia cerca. Desde pequeña, Lourdes pasaba horas junto a él, acompañándolo a conciertos donde su amor por la música brillaba más que nunca. Su conexión era tan fuerte que Lourdes recuerda cómo «la familia acudía a sus conciertos tanto con Antònia Font como cuando estaba en otros grupos». Esas memorias son ahora tesoros invaluables.
No solo los familiares sienten su pérdida; amigos y colegas también comparten anécdotas conmovedoras. Antònia Roca, consellera insular de Cultura y vecina de Joan, afirmó: «Siempre le recordaré por su compromiso con la vida del pueblo y, sobre todo, con los más pequeños». La huella que deja va más allá de la música; es el recuerdo de un ser humano comprometido con su comunidad.
Álvaro Martínez, director del Mallorca Live, remarcó su trato humilde y cercano: «Era una gran persona». La calidez de Joan trascendía las tablas del escenario; su esencia vibraba entre quienes tuvieron el privilegio de conocerlo. Aunque muchos lo admiraban desde lejos, aquellos que se acercaron a él descubrieron un artista generoso y dispuesto a compartir su pasión.
A medida que avanzamos en esta dolorosa despedida, recordemos las risas compartidas y la alegría que trajo a nuestras vidas. Joan Roca fue mucho más que un bajista; fue un símbolo de libertad creativa y amor por la música. Su legado perdurará para siempre en el corazón de Mallorca y más allá.

