En el vibrante escenario de Nashville, Álex Palou se alzó nuevamente como el gran protagonista de la IndyCar, logrando su quinta victoria del año. El cuatro veces campeón dejó claro que su ambición por conseguir la quinta corona está más viva que nunca. Después de un fin de semana cargado de emociones por el Mundial, su triunfo fue la guinda del pastel.
Pensar que si la carrera hubiese comenzado justo después de que España levantara la Copa del Mundo, hubiéramos tenido un domingo para recordar aún más intensamente. Aunque no fue así, su victoria coincidió casi a la perfección con la actuación estelar de Aitana, lo que hizo sentir presente esa celebración colectiva. La IndyCar incluso preparó una réplica del trofeo mundial anticipándose a esta alegría y ¡vaya si acertaron!
Una carrera llena de tensión y estrategia
Palou no solo se llevó a casa una guitarra Gibson –símbolo del triunfo en Nashville– sino también un recital emocionante sobre el óvalo. Desde el principio se vio involucrado en una lucha intensa con Josef Newgarden, quien no pudo desbancarlo pese a sus intentos. «Estaba nervioso al final», confesó Newgarden, reflejando bien cómo cada maniobra contaba en esa pista.
No obstante, algo parecía sonreírle a Palou ese día; hasta la suerte jugó a su favor cuando entró a pits justo antes de que una bandera amarilla cerrara los boxes. «No voy a negar que hemos tenido suerte», admitió humildemente tras asegurar su liderazgo durante gran parte de la carrera.
Nadie logró alcanzarlo después. Ni siquiera los veloces coches Penske lograron hacerle sombra. Palou mantuvo siempre su ritmo y supo manejarse entre el tráfico cuando las ruedas comenzaron a desgastarse. Al final, cruzar esa meta sintiendo ese colchón de puntos sobre David Malukas debe ser pura adrenalina.
Aprovechando esta victoria, se distancia 83 puntos de Malukas en la clasificación: “Eso son casi dos carreras”, reflexionaba Palou mientras se preparaba para afrontar un intenso mes de agosto lleno de desafíos. Aunque admite tener una ventaja considerable, también sabe que nada está asegurado: «Va a ser una lucha apretada».

