Joana Maria Garí, presidenta de la Asociación de Vecinos del Portixol, se ha convertido en la voz de un colectivo que lleva años pidiendo a gritos una solución. La playa de Can Pere Antoni, ese rincón urbano que solía ser un remanso de paz, se ha transformado en una verdadera sala de fiestas los fines de semana. Y no solo eso; el problema va más allá, afectando seriamente la salud y el bienestar de quienes allí viven.
Una situación insostenible
Desde hace cuatro o cinco años, los vecinos han visto cómo sus noches se llenan de ruidos ensordecedores y comportamientos incívicos. “Esto está afectando ya a nuestra salud”, dice Joana con frustración. “Solo pedimos poder descansar y dormir tranquilos”. Y no es para menos; las fiestas no solo abarcan los fines de semana, sino que también se extienden desde lunes hasta jueves, aunque con menor intensidad. Sin embargo, incluso durante el invierno, la situación sigue siendo problemática.
Las historias son alarmantes: borracheras descontroladas, peleas entre grupos y hasta sexo en plena vía pública. Todo esto aderezado por potentes altavoces que convierten las noches en un auténtico tormento. “El viento hace que el ruido llegue con más fuerza a nuestras casas”, añade Garí, reflejando la impotencia colectiva.
A lo anterior se suma la presencia inquietante de aparcacoches que amenazan a los conductores y generan una atmósfera peligrosa. “No se puede vivir así”, insiste Joana. Y aunque agradece la intervención policial reciente, demanda medidas más eficaces: “Necesitamos un plan global sobre seguridad y limpieza”. La falta de higiene es otra preocupación; colillas tiradas por todas partes y comportamientos irrespetuosos están acabando con la tranquilidad del vecindario.
Los vecinos están cansados. Algunos incluso han tenido que abandonar sus hogares temporalmente para poder descansar adecuadamente. Entre ellos hay profesionales sanitarios que necesitan dormir bien para atender a sus pacientes al día siguiente. “Es una locura”, sentencia Garí.
A medida que se aproxima la noche de Sant Joan, todos saben que será un punto crítico: miles de personas invaden la playa y lo convierten en un caos total. La falta de baños portátiles provoca situaciones vergonzosas frente a sus puertas: orinas en portales ajenos y playas sucias al amanecer son solo algunas muestras del deterioro vivido por los vecinos.
Por ello reclaman al Ajuntament más presencia policial pero también comprensión hacia su sufrimiento: “Que nos escuchen y multen a quienes incumplen las normativas”. Porque sí, Can Pere Antoni ya no es solo una playa; es un símbolo del descontrol festivo que necesita urgentemente ser recuperado.

