La situación en Son Sant Joan está alcanzando niveles de locura. Aena y las instituciones se pasan la pelota sobre la saturación, mientras el aeropuerto de Palma se acerca a esa cifra mágica de 15 millones de pasajeros. ¿Hasta dónde vamos a llegar?
El verano pasado ya fue un caos, pero este año parece que hemos tirado la toalla. Hay quienes piensan que esto es una fiesta continua y que las playas llenas son sinónimo de éxito. Pero no nos engañemos: esto va mucho más allá del sol y la arena.
Un turismo insostenible
No hay duda de que el turismo es un pilar fundamental para nuestra economía, pero ¿a qué precio? La saturación está afectando a nuestros servicios básicos y la calidad de vida de los residentes. No podemos seguir apoyando un monocultivo turístico donde cada año se olvida lo realmente importante: el equilibrio entre visitantes y locales.
Las voces críticas empiezan a alzarse. La gente está cansada de ver cómo se privatizan espacios públicos como nuestras queridas playas. Ahora tenemos que pagar hasta 45 euros para disfrutar del espectáculo del eclipse solar en Arenal. ¿Esto es lo que queremos?
Mientras tanto, otros problemas acechan a nuestras islas, como la alarmante falta de agua en Menorca. Al final del día, todos estos temas están interconectados y claman por nuestra atención urgente.

