Las vacaciones ya han llegado y, como cada verano, las carreteras españolas se llenan de coches ansiosos por disfrutar del sol y la playa. Pero en medio de todo este jaleo, la Dirección General de Tráfico (DGT) ha lanzado su Operación Verano 2026, un despliegue que estará activo hasta el 31 de agosto. Con más de 104 millones de viajes previstos, el tráfico va a ser intenso y la vigilancia se va a reforzar con controles de velocidad y radares que aparecerán donde menos te lo esperes.
Multas inesperadas por intentar evadir los controles
A medida que aumentan estos controles, algunos conductores deciden instalar dispositivos para sortear las multas. Sin embargo, cuidado: no todos ellos son legales. Basta con tener un detector de radar en el coche para recibir una sanción. Este aparatito escanea las frecuencias usadas por ciertos radares y te avisa cuando te acercas a uno. ¿La trampa? Aunque no esté en funcionamiento, llevarlo puede costarte 500 euros y tres puntos del carnet.
No hay excusas válidas ante la DGT; si te pillan con uno de estos dispositivos, poco importa si estaba apagado o desconectado. La infracción ocurre solo por poseerlo en el vehículo.
Y si crees que eso es lo peor, espera a oír sobre los inhibidores de radar. Estos son aún más peligrosos porque no solo detectan los radares sino que interfieren con su funcionamiento. Si un agente te pilla usando uno, prepárate para una multa brutal: 6.000 euros y la pérdida de seis puntos del carnet. Y si no puedes quitarlo al momento, podrían inmovilizar tu coche.
Aquí entre nosotros, lo único legal es usar avisadores GPS que indican dónde están los radares fijos; esa información es pública y permite navegar sin problemas ni sobresaltos.

