La Donosti Cup, uno de los torneos de fútbol base más emblemáticos de España, se ha visto sacudido por un episodio lamentable que ha dejado a todos con una sensación amarga. En un partido celebrado recientemente en Zubieta, un árbitro sufrió un acoso brutal simplemente por ser agente de la Ertzaintza. Este tipo de situaciones no deberían tener cabida en el deporte ni en nuestra sociedad.
Una situación inaceptable
El Departamento vasco de Seguridad ha sido claro: durante el encuentro entre el Saint Orens FC y Axular Lizeoa, el colegiado fue rodeado por jugadores y público enfurecido. Insultos como «árbitro zipayo» resonaron en el aire, mientras él era escoltado por seguridad para evitar una tragedia mayor. El partido finalizó con un contundente 5-0, pero lo que realmente quedó grabado fue la intolerancia mostrada hacia una figura esencial del juego.
Desde la Donosti Cup han salido al paso para condenar este comportamiento absolutamente inadmisible. «No podemos permitir actitudes que vayan en contra del respeto y los valores deportivos», han declarado. Y es que, aunque los responsables del torneo aseguran que esto es un caso aislado, queda claro que debemos trabajar juntos para erradicar estas conductas de las canchas.
Sindicatos como Esan también han hecho eco del descontento, subrayando la gravedad de lo ocurrido y exigiendo una respuesta firme tanto del ámbito deportivo como institucional. La violencia verbal y el acoso generan un clima hostil que no tiene lugar en una sociedad democrática.
A pesar de esta mancha oscura, hay que reconocer a la gran mayoría de equipos participantes en el torneo, quienes han demostrado ser verdaderos embajadores del deporte con su actitud ejemplar. La Donosti Cup seguirá adelante, comprometida a fomentar el respeto y la deportividad entre jóvenes talentos del fútbol.

