En el Mundial 2026, la gran sorpresa no llegó desde los grandes estadios de Estados Unidos, sino desde un tranquilo centro de entrenamiento en Marbella. Allí, Mourinho estaba forjando una estrella a partir de Andreas Schjelderup, quien pasó de ser una promesa estancada en el Benfica a convertirse en una revelación mundialista que está dejando huella con su juego incisivo.
Todo comenzó cuando el seleccionador noruego, Solbakken, decidió dar dos semanas de vacaciones antes del torneo. En ese momento, Schjelderup tuvo una idea que podría sonar más a locura juvenil que a preparación seria: «Oye, ¿y si nos vamos a Marbella?» Conocían las instalaciones del Marbella Football Center, donde se trabaja con una metodología que prepararía sus cuerpos para el calor y la humedad del torneo. No era solo un capricho; era una oportunidad para pulir su juego.
Un trabajo intenso y unas amistades inesperadas
Pasaron esos días bajo el sol andaluz entre sesiones de entrenamiento intensas y conversaciones profundas. Ambos sabían que podían ser competencia directa, pero también comprendieron que eran aliados necesarios. Y así fue como, durante el crucial partido contra Brasil, Schjelderup reemplazó a Nusa en un momento decisivo, aportando dos asistencias clave para que Noruega derribara al gigante brasileño.
Mourinho, siempre perspicaz, había visto algo especial en Schjelderup. Aunque llegó al Benfica como uno de los mejores talentos noruegos, su adaptación fue todo menos fácil. La exigente liga portuguesa lo puso ante retos inesperados y tras un periodo complicado fue cedido temporalmente. Pero cuando Mourinho tomó las riendas, supo exactamente qué hacer: necesitaba convertirlo en un jugador más agresivo y decisivo.
A pesar de las dificultades personales por las que pasó Schjelderup —incluyendo un escándalo legal que amenazó su futuro— Mourinho nunca perdió la fe en él. Sabía que había potencial esperando ser liberado y lo guió hasta alcanzar niveles inesperados.
Aquel partido histórico en el Bernabéu donde marcó dos goles fue su punto de inflexión; allí comenzó realmente a creerse lo grande que podía llegar a ser. En este Mundial ha demostrado toda esa evolución acumulada; hoy es uno de los máximos asistentes y ha revalorizado su carrera notablemente gracias al apoyo incondicional del técnico portugués.

