En una madrugada que prometía diversión y risas en Magaluf, la realidad se tornó un poco más oscura. La Policía Local de Calvià ha arrestado a doce personas, todas ellas de nacionalidad senegalesa, acusadas de vender gas de la risa. Este fenómeno, tan atractivo para muchos jóvenes que buscan escapar de la rutina, esconde detrás una preocupación latente por la salud pública.
Una intervención necesaria
Los agentes, con el firme objetivo de poner freno a esta venta descontrolada, se desplegaron en Punta Ballena y sus alrededores. Allí, intervinieron envases de óxido nitroso, globos listos para inhalar y una cantidad considerable de dinero en efectivo. Era evidente que esa noche las cosas se habían desbordado; los policías sabían que debían actuar rápido.
Con un dispositivo compuesto por decenas de agentes, la operación concluyó con el arresto de estos individuos que parecían actuar sin control ante los miles de turistas que invaden cada noche esta famosa calle. Como si el placer inmediato superara cualquier tipo de alerta sobre lo peligroso del asunto. Los detenidos fueron llevados al cuartel de Son Bugadelles mientras tanto el caso quedaba en manos de la Guardia Civil.
No podemos olvidar que desde hace semanas los empresarios locales han levantado la voz advirtiendo sobre este problema creciente. Los vendedores ambulantes ofrecían este gas a diestro y siniestro, tirando a la basura cualquier tipo de consideración hacia el bienestar ajeno.
Así es como Magaluf se enfrenta a un dilema: ¿seguir permitiendo este monocultivo turístico o tomar medidas para proteger tanto a locales como visitantes? Esta historia aún está lejos de cerrarse.

