Palma

El desahucio que no pudo ser: la lucha de una madre y sus cuatro hijos en Son Gotleu

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En el bullicioso barrio de Son Gotleu, un segundo piso del número 58 en la calle Tomàs Rullan se convirtió en el escenario de una historia de resistencia y esperanza. Este martes, Mari, una madre valiente que vive con sus cuatro pequeños, se enfrentaba a un desahucio que parecía inevitable. Sin embargo, la unión vecinal cambió el rumbo de los acontecimientos. Decenas de vecinos y activistas se congregaron para mostrar su apoyo y alzar la voz por el derecho a una vivienda digna.

La voz del pueblo

La presencia masiva logró suspender el desalojo programado, pero solo momentáneamente; ahora se ha fijado para el 20 de julio. En medio del revuelo, Mari compartía su angustia: «No es porque no quiera pagar, es porque no puede». Una vecina enfatizaba esta realidad: “Esto le puede pasar a cualquiera”. La comunidad se hizo eco de sus preocupaciones mientras coreaban consignas como “¡Vecina, despierta!” o “¡Este desahucio lo vamos a parar!”.

Afuera del edificio, las palabras resonaban entre los presentes. Se sentía que la lucha por un hogar iba más allá de Mari; era una lucha colectiva contra un sistema que parece mirar hacia otro lado. El edificio al parecer había caído en manos de un fondo buitre y muchos denunciaban que “no hay alternativas habitacionales”. En teoría deberían ofrecer soluciones, pero Servicios Sociales está saturado y lo único que queda es desalojar sin compasión.

A pesar de la tensión del momento, la intervención policial fue sorprendentemente pacífica. Algunos asistentes notaron que los agentes entendían el contexto social difícil por el que atravesamos: “La policía estuvo dialogante”, comentaron tras la acción judicial.

Diana Lord, portavoz del Sindicat de l’Habitatge de Palma, recordaba cómo todo esto era solo un paréntesis en un proceso desgastante: «La suspensión solo retrasa lo inevitable». Mari ha vivido allí desde 2019 y ha sido víctima de una estafa al alquilar a alguien sin derechos sobre esa propiedad. Es desgarrador pensar cómo esta madre intenta mantener a flote su hogar mientras enfrenta adversidades inimaginables.

Joan Segura, representante de Stop Desnonaments, dejó claro que esta victoria temporal fue gracias al esfuerzo comunitario: «Sin nuestra movilización no hubieran podido llevarlo a cabo». Y es cierto; cada voz cuenta en esta batalla diaria por mantener nuestros hogares seguros frente a grandes tenedores poco solidarios.

A medida que nos acercamos al 20 de julio nuevamente nos reuniremos para seguir defendiendo lo justo y exigir alternativas habitacionales reales para Mari y su familia. La lucha no termina aquí; somos todos parte fundamental en este relato colectivo donde cada uno tiene derecho a vivir con dignidad.

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