Era una tarde cualquiera en Silverstone, pero para Carlos Sainz, el ambiente se sentía pesado. Después de una larga reunión con sus ingenieros, salió del box con un gesto cansado. El paddock estaba desierto, casi como un circo después de la función, con los operarios desmontando todo para llevarse a sus ‘animales’ a otro destino. Mientras tanto, los aficionados esperaban ansiosos ver a sus ídolos volar por la pista como si fueran trapecistas en plena actuación.
Pero ahí estaba Sainz, un piloto que ha dedicado más de una década al mundo de la F1 y que ahora siente que su equipo ha tomado un rumbo incierto. No se puede vivir solo de promesas, decía él, y es que tras el 2025 lleno de ilusiones y podios, este año no pinta nada bien. Lo que debería ser un paso hacia adelante se ha convertido en una carrera contra reloj llena de contratiempos.
Un futuro incierto y muchas dudas
El pasado le dio esperanzas; sin embargo, los retrasos ajenos han hecho que su escudería tuviera que improvisar soluciones pesadas para cumplir con los test de seguridad. Con un monoplaza 28 kilos por encima del peso mínimo y problemas aerodinámicos graves, las carreras van pasando y la distancia con los rivales se hace cada vez más grande.
“Nada tío, muy mal hoy”, me decía Carlos mientras salía de su hospitalidad. Se notaba el cansancio en su rostro tras revisar todos esos datos frustrantes. “Si no hemos dado el salto esperado en Silverstone ni durante todo el año… no sé qué pasará en septiembre”, añadía con cierto tono resignado.
A pesar del mal momento, Sainz sigue trabajando arduamente entre simuladores y reuniones interminables. Sin embargo, lo que realmente inquieta al madrileño son los rumores sobre su futuro: “He pedido toda la información necesaria antes del parón veraniego para poder decidir”, me comentaba mientras su padre charlaba amablemente con Zak Brown entre carreras.
Sainz sabe bien que en este deporte dos o tres años en un coche poco competitivo pueden hacerle menos atractivo para las grandes escuderías. A medida que avanza la temporada, Baku se perfila como crucial; será allí donde podrá medir si hay esperanza o si todo está condenado al olvido.

