En el icónico All England Club de Wimbledon, la historia de Arthur Fery comienza a resonar con fuerza. Este joven tenista, nacido hace 23 años en Sevres, un tranquilo suburbio de París, ha dejado huella al clasificarse entre los ocho mejores del torneo. Y es que su camino no ha sido fácil; desde que comenzó a jugar, se ha visto como un rayo de esperanza para un tenis británico que no siempre brilla.
Un legado familiar y una pasión desenfrenada
Fery es hijo de dos mundos: su madre, Olivia, fue una tenista profesional que representó a Francia en Roland Garros en 1991, mientras que su padre, Loie, dirige al equipo de fútbol del Lorient. Este entorno familiar sin duda ha influido en su carrera. Después de formarse en el barrio donde se celebra el tercer Grand Slam del año, decidió cruzar el charco para estudiar en la Universidad de Stanford. Allí no solo se empapó de conocimientos sobre Ciencia y Tecnología, sino que también compitió como tenista universitario.
A pesar de ser el número 114 del mundo al comenzar este torneo, Fery ha conseguido reponerse ante el experimentado Grigor Dimitrov y así mantener vivas las esperanzas del público británico. De los 17 tenistas locales que iniciaron la competición este año —nueve hombres y ocho mujeres— solo él queda en liza.
Con una personalidad carismática fuera de la pista y pasiones variadas como tocar el piano o disfrutar del póker en su tiempo libre, Fery está listo para hacer su debut en el ‘top100’. Actualmente ocupa la posición 63 y parece tener aún mucho camino por recorrer. Mientras avanza por Wimbledon, nos recuerda a todos lo importante que es soñar grande y luchar por esos sueños.

