Esta semana, en la hermosa Roma, se presentó un documental que busca iluminar una figura olvidada de la historia: Roque Joaquín de Alcubierre, el ingeniero aragonés responsable del descubrimiento de las ciudades romanas de Pompeya y Herculano. Dirigido por la cineasta zaragozana Silvia Pradas, el filme titulado ‘Descubriendo Pompeya y Herculano: El legado de Roque Joaquín de Alcubierre’ aspira a devolver al ingeniero el reconocimiento que durante siglos le ha sido negado.
Una historia relegada al olvido
A menudo, cuando pensamos en grandes descubrimientos arqueológicos, sólo recordamos los nombres más famosos. ¿Quién no ha oído hablar del hallazgo de la tumba de Tutankamón? La respuesta siempre apunta a Howard Carter. Sin embargo, pocos conocen a aquellos hombres anónimos que trabajaron durante años para llegar allí. Lo mismo ocurre con Machu Picchu, donde el nombre más destacado es el del explorador Hiram Bingham, mientras que figuras como Melchor Arteaga quedan en un segundo plano. Esta simplificación nos lleva a olvidar a personajes clave como Alcubierre, quien lideró las excavaciones que revelaron las maravillas enterradas bajo las cenizas del Vesubio.
La directora Silvia Pradas se encontró con esta realidad durante una conversación casual con su productor, Javier Llovería. “¿Sabes quién es Roque Joaquín de Alcubierre?”, preguntó él. La respuesta fue un rotundo no. “Me dio vergüenza no conocerlo siendo ambos de Zaragoza”, recuerda Pradas. Así comenzó su misión: desenterrar la historia de alguien que había protagonizado uno de los mayores descubrimientos arqueológicos y aún así era un completo desconocido en su tierra natal.
Poco después, Pradas se dio cuenta del impacto emocional que esto tenía en ella. “No podía entender cómo alguien tan importante había caído en el olvido”, reflexionó, decidida a cambiar eso. Así nació este proyecto apasionante; un salto al vacío sin saber si habría agua o no… pero la piscina resultó ser mucho más profunda y rica de lo esperado.
Roque Joaquín de Alcubierre, nacido en 1702, se formó como ingeniero militar y fue llamado por Carlos III para trabajar en Nápoles. A partir de ahí, todo cambió: sus excavaciones revelaron ruinas fascinantes y transformaron nuestra comprensión del pasado romano. Pero aquí viene lo inquietante: ¿cómo es posible que uno de los padres fundadores de la arqueología moderna siga siendo prácticamente un desconocido?
Pradas argumenta que su forma innovadora de trabajar chocaba con los estándares conservadores del momento; mientras otros buscaban tesoros para la nobleza, él abogaba por una visión más inclusiva del conocimiento. Esto le valió críticas despiadadas y relegación a un segundo plano histórico.
A pesar del desafío que implicaba contar esta historia con rigor pero también accesibilidad para todos, Pradas hizo un trabajo excepcional. Grabaron escenas en lugares emblemáticos como Pompeya y Herculano, mostrando la grandeza escondida tras el nombre olvidado.
A medida que avanzaba el proceso y presentaban su obra en festivales internacionales como el Saraqusta Film Festival, quedó claro que estaban logrando algo poderoso: devolverle a Alcubierre ese lugar digno en nuestra memoria colectiva porque nunca es tarde para hacer justicia histórica.

