Cultura

La historia del Sorolla robado y devuelto: un giro inesperado en Sevilla

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En un rincón de Sevilla, un pequeño lienzo olvidado nos cuenta una historia que podría parecer sacada de una novela. Andrés Hurtado, un murciano de 57 años, llegó a la ciudad con su grupo de amigos para rendir homenaje a la Esperanza de Triana, su devoción lo llevó allí. Sin embargo, lo que comenzó como un viaje espiritual se transformó en una auténtica aventura artística.

Era un sábado cualquiera y el reloj marcaba las cuatro de la tarde cuando Andrés regresaba al hotel tras disfrutar de una comida. En la calle San Pedro Mártir, algo llamó su atención: un grupo de jóvenes extranjeros se encontraba riendo y discutiendo alrededor de algo que parecía ser… ¡un cuadro! Y entonces, como si el destino jugara con él, vio cómo arrojaban el lienzo a un macetero. «¿Qué hacen tirando eso?», pensó mientras se acercaba curioso.

Un descubrimiento sorprendente

Aquella obra era nada menos que una pintura del célebre Joaquín Sorolla, que había sido olvidada por una familia sevillana justo antes de salir de vacaciones. Cuando intentaron recuperarla, ya no estaba; habían dejado el cuadro apoyado en la acera y ahora formaba parte de una confusión entre robo y hallazgo fortuito. Andrés no sabía lo que había encontrado en realidad.

Con ingenio, compró una bolsa económica para llevarse el lienzo a Murcia. Al llegar a casa, observó la firma en el marco: “Sorolla”. Su reacción fue digna de película; decidió preguntar a la inteligencia artificial sobre su descubrimiento. «Me dice que tengo un cuadro con valor incalculable», contó asombrado.

Poco después, al encender la televisión, se topó con la noticia: buscaban un Sorolla desaparecido en Sevilla. En ese momento todo cobró sentido y no dudó en llamar a la Policía Nacional. La respuesta fue inmediata: le agradecieron por su honestidad y prometieron ir a recogerlo.

La familia propietaria respiró aliviada al enterarse de que su cuadro había sido encontrado. Un diálogo sincero entre Andrés y el dueño terminó con una pregunta sobre recompensa; “Claro”, respondió este sin entusiasmo, “te mandaremos un regalo”. Pero para Andrés, lo importante era devolver aquello que no le pertenecía: “Si tiene dueño, no es mío”, concluyó con simpleza.

Años atrás ocurrió otro episodio similar cuando una escritora valenciana robó también un Sorolla del Museo Benlliure por sentirse estafada tras comprar obras falsas. A diferencia del caso actual donde todo partió del descuido familiar y terminó con honorabilidad por parte del hallador.

A medida que pasan los días desde este evento inesperado, Andrés sigue reflexionando sobre su aventura mientras espera encontrar trabajo nuevamente; aunque reconoce con cierta resignación que encontrar empleo siendo mayor puede ser complicado: «¿Quién va a querer contratarme?» Esa mezcla entre ilusión y realidad es lo que hace única esta historia tan humana.

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