En un día que parecía marcado por la historia, Xi Jinping se alzó este miércoles en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín. Allí, ante un auditorio expectante, proclamó la «reunificación» con Taiwán como una «misión histórica» del Partido Comunista de China. Y no solo eso, también dejó claro que es un «compromiso inquebrantable» para todos los miembros de su partido.
Durante su discurso, que celebraba nada menos que el 105º aniversario de la fundación del PCCh, Xi hizo hincapié en que resolver la cuestión taiwanesa y lograr esa unión completa es esencial para el futuro de China. «Debemos mantenernos firmes en nuestras convicciones», instó a sus compatriotas, mientras subrayaba la importancia de aplicar a fondo las estrategias para abordar esta delicada situación.
El contexto histórico detrás de las palabras
A nadie se le escapa que las relaciones entre Pekín y Taipéi están marcadas por una historia complicada. Desde 1949, cuando las fuerzas nacionalistas se refugiaron en Taiwán tras perder la guerra civil contra el PCCh, los vínculos han sido tensos. Aunque recientemente ha habido intentos de acercamiento a nivel empresarial e informal, el gigante asiático sigue viendo a Taiwán como una provincia rebelde. Mientras tanto, la isla se aferra a su independencia y cuenta con el respaldo firme de Estados Unidos y la Unión Europea.
No hace mucho tiempo, la Guardia Costera taiwanesa denunció cómo varios barcos de guerra chinos invadían aguas cercanas a Taiping. La respuesta fue clara: «Esto es una violación del Derecho Internacional», afirmó el Consejo de Asuntos Marítimos de Taiwán. Y así seguimos, con un tira y afloja constante entre dos realidades que parecen no encontrar un punto en común.

