Hoy, en medio del bullicio y la emoción del Mundial 2026, nos encontramos con una imagen sorprendente: Francia, con su icónica selección, jugando con una camiseta verde. ¿Te imaginas? Este color, que evoca al famoso símbolo neoyorquino, es mucho más que una elección estética; es un auténtico guiño a la historia entre Estados Unidos y Francia.
Y es que esta segunda equipación ha sido diseñada para celebrar los vínculos entre ambos países. Esa tonalidad verde no fue elegida al azar; rinde homenaje a la Estatua de la Libertad, un regalo francés que llegó a América hace más de un siglo para conmemorar su independencia. Aunque hay que aclarar que originalmente, el monumento no era verde, sino de cobre. Con el tiempo, gracias al óxido y a las inclemencias del clima neoyorquino, adquirió ese tono característico.
Un éxito inesperado
A pesar de los puristas del Saint Etienne, quienes defienden su amor por el verde clásico de su equipo, muchos aficionados franceses han decidido lucir esta nueva camiseta durante el torneo. Y vaya si ha tenido éxito: según reportes recientes, ¡se han batido récords en ventas! En mercados secundarios ya se cotiza por más de 200 euros. Una locura.
Pero lo curioso es que esta no es la primera vez que vemos a Les Bleus vestirse de este color. Su debut oficial ocurrió en un amistoso contra Brasil en marzo pasado y ahora lo hacen nuevamente en este Mundial como un símbolo de unidad y amistad.
Así que hoy podemos decir que Francia no solo juega al fútbol; también juega con la historia y los sentimientos. Este gesto va más allá del terreno deportivo; es un recordatorio palpable de los lazos históricos entre dos naciones que comparten mucho más que balones. Así estamos viviendo este Mundial: lleno de sorpresas y momentos emotivos.

