Todo comenzó como una noche cualquiera en Palma. Un hombre, tranquilo en casa con su novia viendo una película, se convirtió en el inesperado testigo de un brutal ataque. De repente, un grito desgarrador irrumpió en la calma: ‘socorro, me han cortado el cuello’. Su primera reacción fue pensar que todo formaba parte del filme que estaban disfrutando. Pero cuando salió a la calle, se encontró con una escena que jamás olvidará: un hombre desangrándose.
El vecino, que tuvo el valor de socorrer a la víctima, recordó cómo corrió a buscar toallas para intentar detener aquella hemorragia aterradora. “Sangraba a chorros”, confesó al tribunal mientras narraba su experiencia. Esa misma noche vio marcharse al atacante, y no tardó mucho en reconocerlo cuando los agentes de la Policía Nacional lo arrestaron.
Un acusado sin remordimientos
En el banquillo se sentaba el procesado, enfrentándose a 14 años de cárcel por intento de asesinato. Se desvinculó completamente del caso y alegó que nunca había visto a la víctima: “Ese día estaba dando un paseo por la calle Aragón”. La incredulidad asomó entre los presentes cuando le preguntaron si era normal salir a esas horas. “Era porque acabé la temporada de trabajo”, respondió con una tranquilidad inquietante.
Mientras tanto, la víctima revivía aquel momento aterrador ante el tribunal: “Estaba hablando por teléfono apoyado en mi coche cuando alguien me atacó por detrás”. El cuchillo era uno de esos sierra para carne; ¿qué buscaba realmente su agresor? “Llevaba dinero encima y mi móvil… no sé qué pretendía”. La Fiscalía propuso reducir la pena: cinco años por lesiones agravadas en lugar de 14 por intento de asesinato.
A medida que avanzan las sesiones del juicio, queda claro que esta historia no solo es sobre un ataque brutal, sino sobre las preguntas sin respuesta que nos deja una violencia tan descarnada y cercana.

