Tom Fletcher, el secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU y líder de OCHA, no se guarda nada. En una reciente entrevista, lanza un mensaje contundente: vivimos en un mundo donde la riqueza parece no tener límites, con billonarios surgiendo a cada momento, y aún así permitimos que el hambre y la enfermedad campen a sus anchas. La preocupación de Fletcher es clara: «¿Nos estamos acostumbrando a lo inaceptable?» La indiferencia, advierte, no sale gratis.
Una cuestión de voluntad política
En su discurso directo y sin rodeos, Fletcher señala que lo único que necesitamos para erradicar el sufrimiento humano es voluntad política. Con datos en mano, explica que bastarían tres días y medio del gasto mundial en armas para cubrir las necesidades básicas de millones. A pesar de esto, los fondos destinados a ayuda humanitaria han ido disminuyendo drásticamente. «Estamos forzados a tomar decisiones devastadoras sobre a quién podemos ayudar», confiesa.
A pesar de los esfuerzos realizados hasta ahora —donde 24 millones de personas han recibido asistencia— muchos más continúan esperando. El tiempo apremia; como dice Fletcher, «las crisis están conectadas entre sí». Esto significa que una pequeña chispa puede prender fuego a una situación ya tensa.
Con cada viaje a zonas devastadas como Gaza o Ucrania, Fletcher se enfrenta a historias desgarradoras: gente preguntando si alguien sabe lo que les ocurre. Y su respuesta debe ser firme: «Sí, no podemos permitir que comunidades enteras sean invisibles». Mirando hacia adelante, nos recuerda que debemos anticiparnos antes de que el desastre golpee.
A pesar del panorama sombrío y del creciente caos global, hay un destello de esperanza en las palabras de Fletcher. Observa cómo muchas familias luchan por reconstruir sus vidas y cómo trabajadores humanitarios arriesgan todo para brindar apoyo. La verdadera esperanza radica en actuar con propósito y seguir adelante cuando más se necesita.

