El Mundial 2026 ya ha llegado y Brasil lo sabe. La selección dirigida por Carlo Ancelotti dejó atrás las dudas que había sembrado su debut y se reencontró con su esencia al vencer a Haití por 3-0. Fue una noche mágica en la que la canarinha volvió a sonreír, aunque no sin un toque de preocupación: Raphinha se lesionó y dejó a todos con el corazón encogido. No obstante, el espectáculo continuó, y Brasil mostró que viene para quedarse.
Una celebración de desahogo
La fase de clasificación fue dura, incluso terminar quintos generó inquietud en los corazones brasileños. Y el gris estreno contra Marruecos aún pesaba como una sombra. Pero esta vez, Haití no pudo hacer nada ante un Brasil decidido a dejarlo todo en el campo. Cada gol era una explosión de alegría, cada celebración un recordatorio del amor que une al equipo y su afición. ¡Qué bonito es ver cómo todo un banquillo salta al unísono para festejar!
Aunque el minuto 39 apagó un poco la fiesta cuando Raphinha pidió el cambio por molestias en su muslo derecho. Todos contenían la respiración esperando noticias sobre su estado; perder a uno de los mejores jugadores sería un duro golpe para cualquier plan estratégico.
Pese a todo, otra estrella brillaba en el horizonte: Endrick. Con 68.234 aficionados vitoreando en Philadelphia, llegó su momento de debutar en el Mundial y las gradas estallaron en aplausos: primero al ser llamado, luego al pisar el césped y finalmente cuando su rostro apareció en pantalla. El chico lo tiene todo; aunque hoy solo fue una chispa entre fuegos artificiales, está claro que Endrick promete mucho más.
No hay duda de que Haití también tiene algo importante que aportar al fútbol mundial; Frantzdy Pierrot lo dejó claro: «Cuando jugamos no hay disparos ni violencia, solo fútbol». Y es así como logró llevar la esperanza a su pueblo durante esos minutos mágicos frente a Brasil. Porque más allá del resultado final, lo verdaderamente valioso es recordar por qué existen estos torneos: para dar voz a países como Haití que luchan cada día contra adversidades brutales.

