Este jueves, el cielo de Moscú se tornó sombrío cuando varios drones ucranianos impactaron en una refinería de petróleo, un hecho que las autoridades locales han calificado de «ataque masivo». La cifra de drones derribados ronda los 180, según informes oficiales. El alcalde de la capital rusa, Sergei Sobianin, no tardó en hacer eco en redes sociales, confirmando que algunos drones lograron alcanzar su objetivo. Y mientras los equipos de emergencia corrían a la escena, la incertidumbre sobre posibles víctimas y daños materiales permanecía en el aire.
La respuesta ucraniana y sus consecuencias
Pero esto no es todo. En otras zonas como el centro comercial Sadovod y Belaya Dacha también se reportaron impactos, aunque afortunadamente sin víctimas fatales. Sin embargo, el gobernador de Rostov, Yuri Sliusar, lamentó la muerte de una mujer tras otro ataque con drones en Gukovo. «Mis profundas condolencias a los familiares», expresó con pesar.
Desde el Ministerio de Defensa ruso se anunció que más de 550 drones fueron interceptados en las últimas horas sobre varias regiones rusas e incluso sobre Crimea. Mientras tanto, Volodimir Zelenski reivindicaba el ataque desde Ucrania y exigía a Rusia tomar medidas diplomáticas para poner fin al conflicto. “Es hora de que termine la guerra”, sentenció.
A medida que la situación avanza, ambos bandos parecen inmersos en un juego peligroso donde cada ataque genera respuestas contundentes. Desde Ucrania se señala que estos ataques son justificados frente a las agresiones rusas hacia sus ciudades y comunidades. Sin duda alguna, estamos ante un momento decisivo donde las tensiones continúan elevándose y las posibilidades de diálogo aún parecen lejanas.

