Hay despedidas que son un mero trámite y otras que se convierten en una auténtica celebración. Este último tipo fue el que vivimos en la closing party del Mallorca Live Occident 2026, donde más de 20.000 almas se reunieron frente a un impresionante monolito para dar la bienvenida al verano mallorquín, todo ello bajo el potente ritmo de David Guetta y su esperadísimo The Monolith Tour.
Un festival que marca el inicio del verano
A medida que los asistentes llegaban, Meduza, Miss Monique y Elkins fueron calentando el ambiente tras dos días de música en vivo. Y es que esas pulseras recargables en las muñecas ya empezaban a contar historias de diversión y buen rollo. Pero lo mejor estaba por llegar: el monolito, ese símbolo tan peculiar, sirvió como altar para los fieles de la música electrónica. Un lugar donde no solo se celebraba la música, sino también la unión de miles de personas deseosas de bailar.
La noche brilló con un despliegue audiovisual deslumbrante: pantallas gigantes, láseres cortando el aire y una producción pensada para impresionar. Pero entre tanto espectáculo, hubo espacio para recordar. La magia de Guetta radica en su habilidad para mezclar temas que nos han acompañado a lo largo de los años. ¿Quién no ha bailado con sus éxitos? En ese momento mágico de escuchar Titanium, todos parecimos volver a ser jóvenes.
A pesar de que Guetta confesó estar afónico —»llevo varios días celebrando», bromeó— su presencia sobre el escenario era suficiente. Lo importante no era su voz; eran esos himnos atemporales como I Gotta Feeling, Party Rock Anthem, o incluso canciones nostálgicas que nos hicieron saltar y cantar sin pensar en nada más. Era increíble ver cómo artistas como Rihanna o Adele compartían espacio en nuestra memoria colectiva.
Cada tema era una invitación a seguir disfrutando y a olvidarnos del final inminente del evento. Quizá porque nadie quería apresurarse a decir adiós o tal vez porque las mejores despedidas son aquellas donde hay más ganas de quedarnos un rato más bailando bajo las estrellas.
Finalmente, aunque el cierre llegó quizás demasiado pronto, quedó esa sensación dulce y festiva flotando en el aire; lo suficientemente intensa como para recordar esta noche durante mucho tiempo. Así fue como Mallorca vivió una gran fiesta al ritmo del corazón electrónico.

