Palma

Desalojo en la antigua prisión: el dolor y la resignación de quienes se quedan en la calle

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Hoy, a mediodía, comenzó un desalojo que ya se siente como un golpe bajo para muchos. Con resignación y una profunda tristeza, los moradores de la antigua prisión de Palma han ido saliendo poco a poco del recinto, cargando sus pertenencias y con una dura realidad entre manos. «Nos vamos a la calle a dormir», expresaban los primeros en abandonar el lugar mientras un despliegue de furgonetas y camiones de Policía Local, Policía Nacional y Bomberos aguardaba a las puertas.

Entre ellos estaba Bernardino, que salió empujando un carrito de supermercado lleno hasta el borde. Se notaba su enfado: «No tengo donde ir, voy a dormir aquí y me tomaré dos cervezas», decía señalando hacia un parque cercano. Allí se acomodó con lo poco que le quedaba. «Llevo tres años viviendo en la cárcel. ¿Y ahora? ¿Qué vamos hacer? Pues dormir en la calle. Mallorca es una mierda», añadió indignado.

El testimonio desgarrador de los afectados

No fue solo Bernardino quien compartió su historia; otros también levantaron la voz. Uno de los desahuciados recordó cómo fue su desalojo: «La policía entró en mi habitación dando un golpe en la puerta y me dijeron que tenía que irme ya. Esto es España, es racista», lamentaba un inmigrante magrebí.

Ana Ferrer, una joven conocida por algunos de los afectados, no pudo evitar acercarse al lugar del desalojo. Su corazón estaba apesadumbrado por lo que veía: «Es terrible. Están echando a la gente a la calle sin ninguna alternativa». Ana conoce bien el sufrimiento que atraviesan estos hombres; muchos han pasado por situaciones difíciles tras salir de prisión y ahora se ven convertidos prácticamente en personas sin hogar.

A pesar de las declaraciones del alcalde Jaime Martínez sobre no haber aumentado el número de personas sin techo, Ana contradijo esas palabras con sinceridad: «No hay alternativa habitacional; hemos ido a Cruz Roja y nos han dicho que están saturados». La desesperación era palpable entre quienes esperaban ayuda.

Mientras tanto, algunos miembros del gobierno local acudieron al lugar para interesarse por el estado de las personas desalojadas. Javier Bonet, primer teniente de alcalde, junto con Lucía Muñoz de Podemos y representantes del Sindicat del Habitatge denunciaron esta situación como “una vergüenza”. Jaume Pujol, portavoz del movimiento Menys turisme més vida explicó claramente: “Este es un desahucio racista y clasista”.

No solo eran hombres extranjeros quienes abandonaban el recinto; todos ellos llevaban consigo historias tristes mientras buscaban refugio bajo cualquier sombra cercana sin tener claro dónde pasarían la noche. En ese momento sonaron las campanas del CEIP Cas Capiscol mientras alumnos salían felices tras clase —una ironía cruel ante lo sucedido—.

Aunque Mercè Llorca, miembro asociada al vecindario mostró satisfacción por el desalojo debido a problemas generados por algunos residentes allí presentes, también expresó su inquietud acerca del futuro incierto para estas personas vulnerables.

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