MADRID, 10 de junio. En un momento crítico, el Gobierno de Estados Unidos ha tomado la iniciativa de dialogar con Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, sobre cómo coordinar esfuerzos en respuesta al brote de ébola que desde mediados de mayo asola a la República Democrática del Congo (RDC). Esta crisis sanitaria ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a emitir una alarmante advertencia internacional.
La urgencia del momento
El portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Thomas Pigott, reveló que Marco Rubio, el jefe de la diplomacia estadounidense, tuvo una conversación crucial con Von der Leyen. Su objetivo: discutir cómo pueden trabajar juntos frente a este brote que también ha dejado huellas en Uganda. “Nuestra máxima prioridad es proteger la salud del pueblo estadounidense y evitar que este virus llegue a nuestras costas”, expresó Pigott en un comunicado breve pero contundente.
Las cifras son escalofriantes. Las autoridades congoleñas han confirmado más de cien muertes por este brote devastador. En total, hay 550 casos verificados gracias a pruebas de laboratorio; además, 309 personas continúan aisladas y 19 han logrado recuperarse. Y como si fuera poco, Uganda suma otros 19 casos confirmados.
La tasa media de letalidad del virus ronda el inquietante 50%. Los síntomas son traicioneros y pueden aparecer casi sin aviso: fiebre alta, cansancio extremo y dolores intensos son solo el inicio antes de que el virus ataque con vómitos y diarrea. La historia nos enseña que RDC ha lidiado con esta enfermedad más veces que cualquier otro país desde que se identificó por primera vez en 1976. La experiencia acumulada no debe ser subestimada; sin embargo, cada nuevo brote es un recordatorio doloroso del desafío constante que enfrentan las comunidades afectadas.

