Una vez más, el eco de la violencia resuena en el sur de Líbano. Al menos ocho vidas se han perdido tras una nueva oleada de ataques israelíes, a pesar de un alto el fuego que debería estar en vigor. La población de Tiro, ya desgastada por el conflicto, ha sido golpeada nuevamente: cinco personas murieron cuando un ataque aéreo impactó un coche justo frente a la principal instalación de la Cruz Roja. Entre ellos estaban Alí Muhamad Dahini y su hijo Rabih, originarios del pueblo de Tura, dejando a toda una comunidad sumida en el dolor.
No solo ellos; cuatro trabajadores sanitarios resultaron heridos por los cristales rotos y fueron trasladados al Hospital Yabal Amel para recibir atención médica. La situación es crítica, y esto no termina aquí. Otra vida se apagó y varias más resultaron heridas en Al Jarayeb, mientras que Marwaniya, en el distrito de Sidón, también sufrió las consecuencias con dos muertes adicionales y diez heridos –cuatro mujeres entre ellos– según informes del Ministerio de Sanidad libanés.
Evacuaciones bajo la sombra del miedo
Las Fuerzas Armadas israelíes han emitido nuevas órdenes de evacuación para Ziqoq al Mafdaq como preludio a bombardeos dirigidos contra lo que ellos consideran instalaciones de Hezbolá. El portavoz militar israelí, Avichai Adrai, argumenta que deben actuar debido al supuesto incumplimiento del acuerdo por parte del grupo considerado terrorista. Su mensaje es claro: cualquier persona cercana a Hezbolá está poniendo su vida en riesgo.
Mientras tanto, los habitantes de la región son instados a huir hacia territorios más seguros al norte del río Zahrani. La realidad es desoladora; esta espiral de violencia parece no tener fin y deja a su paso familias destrozadas y comunidades asustadas.

