En un rincón de los Alpes suizos, Joserra Moreno Caldentey, un joven mallorquín con mucho que contar, se siente a medio camino entre dos mundos. Al hablar de su Mallorca natal, no duda en afirmar con contundencia: «Mallorca es más que un parque temático para turistas». Esta frase encapsula sus sentimientos hacia una isla que ama pero que ha tenido que dejar atrás en busca de nuevas oportunidades.
La búsqueda de identidad y futuro
Joserra se describe sin rodeos como «un mallorquín des Raiguer». Su historia es la de muchos jóvenes que han sentido la necesidad de mirar más allá del horizonte balear. Desde muy pequeño, sintió una inquietud por conocer otros lugares. A los 17 años comenzó a trabajar como camarero, empujado por la necesidad y el deseo de escapar. No le fue fácil: «Sabía que la isla no me daría lo que buscaba», confiesa mientras recuerda sus inicios en Inglaterra a los 18 años, donde tras seis meses regresó a Inca sin haber encontrado lo que anhelaba.
A pesar de las dificultades, nunca perdió la esperanza. Tras algunas peripecias laborales y con el impulso de una pandemia que frenó sus planes temporales, finalmente hizo las maletas para mudarse a Alemania. Allí empezó a vislumbrar un futuro más claro junto a su pareja. Después de un tiempo en Gijón y habiendo ganado confianza en sí mismo y habilidades en alemán, decidió establecerse en Zug.
El camino no ha sido sencillo; recuerda aquellos primeros meses llenos de estrés buscando trabajo y gestionando sus ahorros al límite. Sin embargo, lo que realmente le ha impresionado es el fuerte sentido de pertenencia del pueblo suizo hacia su cultura e idioma: «Los suizos defienden con uñas y dientes su dialecto», comenta haciendo una comparación con la relación especial que los mallorquines tienen con su lengua.
Hoy en día, Joserra tiene una vida muy activa: trabaja 42 horas semanales en un supermercado y también da clases grupales de fitness-boxing. «Mi día a día es trabajo constante», dice mientras intenta encontrar momentos para lidiar con la distancia familiar. Sabe bien cómo se siente estar lejos; le pesa pensar en recibir malas noticias sin tener cerca a quienes ama.
No obstante, esa distancia ha fortalecido su conexión con Mallorca: «Ahora siento este amor profundo por mi tierra». En lugar de añorar paisajes idílicos o lujos materiales, lo que verdaderamente le falta son esos pequeños momentos familiares: ir a merendar con su abuela o disfrutar del fútbol con sus hermanos.
Aunque el futuro está lleno de incertidumbres y no contempla regresar definitivamente por ahora—«Solo volveré para vacaciones o cuando me jubile», asegura—Joserra está decidido a luchar por dar otra imagen sobre Mallorca: «Quiero mostrar al mundo algo más allá del turismo». Y así sigue construyendo su historia desde Suiza, recordándonos que cada rincón tiene más capas por descubrir.

