En el corazón del barrio de Sa Llotja, los vecinos se han alzado con una voz que clama por justicia. Colgaron unos carteles en los que se leía ‘el renou és tortura’, un grito sincero y desesperado ante una situación que ya no pueden soportar. Pero, ¿qué ocurrió? A tan solo cinco días de su instalación, la Policía Local y los Bomberos decidieron retirar estos mensajes, alegando razones de seguridad. Sí, eso escuchamos: ¡seguridad!
La voz del pueblo frente a un sistema sordo
Desde Cort aseguran que esos carteles sobresalían demasiado y estaban mal anclados. Sin embargo, el presidente de la Asociación de Vecinos de Sa Llotja Born, Jaime Herrero, denuncia algo más grave: “Esto es un claro favorecimiento al sector hotelero”. Para él y muchos otros vecinos, su comunidad ha sido convertida en un mero decorado para turistas en este parque temático llamado Palma.
Años llevamos escuchando cómo el ruido del ocio nocturno invade cada rincón del barrio. La denuncia por parte de los residentes no es nueva; llevan años pidiendo soluciones a un problema que solo crece. En colaboración con otras asociaciones como la del Paseo Marítimo, han intentado visibilizar su sufrimiento, pero parece que sus voces son ignoradas.
No es la primera vez que intentan hacerse escuchar: hace dos años colocaron carteles con mensajes sobre civismo que duraron mucho tiempo sin problemas. Pero esta vez decidieron ser más contundentes y pronto empezaron a ver cómo algunos desaparecían misteriosamente.
Sorprende ver cómo las autoridades actúan rápidamente cuando se trata de quitar un cartel, mientras ellos llevan más de diez años lidiando con expedientes abiertos sobre el ruido sin respuesta alguna. “Es frustrante”, dice Herrero, quien añade que parece haber una clara preferencia por proteger a quienes generan este caos nocturno.
No podemos quedarnos callados ante esta realidad; la economía vinculada al turismo está arrasando con nuestras necesidades como ciudadanos. “Nos hemos convertido en títeres”, concluye Herrero mientras su mirada refleja la impotencia de muchos. Este no es solo un problema local; es una llamada urgente a repensar nuestras prioridades como sociedad.

