Fernando Alonso llega a las calles de Mónaco con un brillo especial en sus ojos, ese que solo se ve cuando un piloto sabe que está ante un escenario único. Con recuerdos de victorias pasadas en 2006 y 2007, el asturiano mantiene los pies en la tierra. «Prefiero correr aquí que en Monza», dice, consciente de que aunque este circuito le ofrece ventajas al AMR26, la competencia es feroz.
Expectativas realistas en un circuito lleno de sorpresas
La atmósfera es electrizante. Las calles del Principado son un examen sin compasión y no hay lugar para errores. «Los cinco mejores equipos tienen una ventaja clara», reconoce Alonso, quien también sabe que cualquier pequeño fallo podría costarle caro. La presión aumenta cuando recuerda los problemas con la caja de cambios desde Miami. “Este no es el lugar para que una marcha te falle; acabarías contra el muro”, comenta con seriedad.
A pesar del reto, hay algo que lo motiva: la presencia de Adrian Newey, su mentor. La filosofía del ingeniero es clara: buscar siempre el límite y luego retroceder un paso para afinar detalles. «Creemos que esto nos dará más rendimiento a futuro», asegura Alonso mientras trabaja junto al equipo para corregir todos los aspectos técnicos antes de la carrera.
En definitiva, Mónaco es una oportunidad disfrazada de reto complicado. Si logran salir bien en los libres, puede haber esperanza para puntuar. Pero como bien dice Alonso, primero hay que construir confianza y extraer todo lo posible del coche: «En las cosas que podemos controlar, espero que estemos al mejor nivel de esta temporada». Solo el tiempo dirá si sus esfuerzos darán frutos en este Gran Premio tan emblemático.

