Huesca. Cuando Francisco Portillo llegó al Huesca el pasado verano, muchos de nosotros albergamos esperanzas de que su experiencia pudiera ser la clave para regresar a la Primera División. Este malagueño de 35 años no es cualquier jugador; su trayectoria está marcada por cinco ascensos en equipos como el Betis, Leganés, Getafe, Almería y Oviedo. Con un equipo que había estado tan cerca de los playoffs en la temporada anterior, parecía que su llegada era un golpe maestro.
Un final inesperado
Pero el destino, caprichoso como siempre, tenía otros planes. En lugar de ser ese talismán que todos esperábamos, Portillo se encontró con una realidad dura y amarga: el descenso. A pesar de haber aportado su experiencia y liderazgo en 38 jornadas -con un gol y dos asistencias a sus espaldas-, no pudo brillar como lo había hecho en temporadas anteriores. Sus compañeros tampoco lograron estar a la altura y eso pesó mucho en el rendimiento del equipo.
Aquel fatídico partido contra el Castellón en El Alcoraz selló la suerte del Huesca y convirtió lo que podría haber sido una nueva historia de éxito en una tragedia deportiva. La ilusión se transformó rápidamente en decepción cuando se hizo evidente que el sueño del sexto ascenso se había desvanecido.
Con su contrato finalizando el 30 de junio, Portillo queda libre para buscar nuevos horizontes. Aunque las ofertas no le van a faltar en Segunda División, colgar las botas no parece estar en sus planes después de esta amarga temporada con el Huesca. Lo cierto es que este año dejó un sabor muy agrio y seguramente querrá redimirse antes de pensar en su futuro.

