En el corazón de Andorra, Sergio Molina no puede ocultar su satisfacción. Tras una temporada intensa, él y su equipo han logrado lo que muchos creían imposible: mantenerse en la categoría con varias jornadas de antelación. «Si tuviera que ponerle una nota a nuestra temporada, sería un 10«, afirma con orgullo. Y es que no ha sido fácil; enfrentarse a ellos se ha convertido en un desafío para cualquier rival, especialmente en este tramo final del curso.
Nuevos retos y viejas caras
Pero aquí no acaba todo. La mirada de Molina ya está puesta en el futuro, donde desea que varios compañeros continúen formando parte del equipo. “Sería ideal contar con los jugadores que aún tienen contrato”, dice. Él sabe que esta continuidad facilitaría la adaptación para quienes lleguen nuevos, construyendo sobre un sólido cimiento ya creado.
Aunque el enfoque está claro, no pueden olvidar el partido del próximo domingo contra el Burgos. Una victoria significaría superar los 59 puntos logrados durante su debut en Segunda División, un hito significativo para cualquier club.
Sin embargo, Molina lleva consigo una sensación agridulce tras las últimas semanas de competición. “No he podido estar al 100%”, confiesa. A pesar de eso, reconoce que esta situación ha elevado la competitividad dentro del equipo: “Cada jugador ha dado lo mejor de sí mismo”. Menciona nombres como Marc Domènech y Efe Akman como ejemplos de esfuerzo y dedicación.
Por otro lado, también hay cambios en el horizonte. Álvaro Martín, uno de los pilares durante tres años, se despide después de haber jugado solo 19 partidos esta última temporada. Y mientras algunos se marchan, otros como Josep Cerdà están bajo el radar del Mallorca tras su descenso reciente; aunque eso sí, salir por menos de cinco millones sería impensable.

